INNOVAR COMO
PROCeSO DE NEGOCIO

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Revista Expansión, 02 de abril del 2008, edición 962

Este artículo fue escrito por el Dr. Jaime Parada Ávila, socio fundador de Innovación y Competitividad.

Estimado lector: si usted presume con orgullo que su empresa alcanzó la certificación ISO 9000 o que estableció Modelos de Calidad y de Mejora Continua como filosofía de trabajo (buenos para ganar algún premio y mantener el margen, contrarrestar los efectos de la inflación y atender los descuentos que le piden sus compradores), tiene que saber que, lamentablemente, su esfuerzo no será suficiente para triunfar en este mundo globalizado y de feroz competencia.

El aumento de competidores, el corto ciclo de vida de los productos y servicios, el incremento de las regulaciones, los avances del conocimiento científico y tecnológico y atender las necesidades de clientes y consumidores cada día más demandantes, son sólo algunas razones que nos obligan a incorporar innovaciones para competir.

La innovación es la fascinante aventura de generar ventajas difíciles de imitar a partir de la creatividad y el ingenio de nuestro personal. Sí, se trata ahora de competir con el cerebro y el conocimiento y de administrar esto como un proceso de negocio, tal y como lo hacen muchas compañías exitosas en el mundo.
¿Entrar a esta aventura es un problema de tamaño de la empresa? No. ¿Es un asunto de recursos? No. ¿Es un asunto de capacidades porque los mexicanos somos menos listos para innovar que los estadounidenses, europeos o asiáticos? No. Se trata de un problema de cultura y actitud de la clase empresarial. Pensar en ello evidencia la ausencia de un modelo para administrar de manera efectiva, como cualquier otro proceso, la innovación dentro de nuestras empresas.

El empresario tradicional ha enfocado mayoritariamente su esfuerzo de dirección hacia una buena administración de los activos tangibles del negocio (físicos y financieros); pero ha prodigado muy poca atención hacia los intangibles (marcas y conocimientos). Estas categorías son las que generan el mayor valor de las compañías. Respecto de los activos tangibles, algunas empresas mexicanas han logrado éxitos por su acertado manejo de las marcas para diferenciar productos en el mercado y aumentar el margen, como en el caso del tequila y otros productos de consumo. Sin embargo, queda pendiente una asignatura: aprovechar el conocimiento y la innovación como elemento clave para competir.
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